El fabricante nipón lleva años desarrollando la gama de motores Skyactiv, en la que pretende conjugar ambas ideas: que sus coches sean igual de divertidos de conducir que siempre, y eso implica hacerlo con unos propulsores que ofrecen un alto nivel de potencia en comparación con otros vehículos de la misma categoría, a la vez que reduce los consumos para ser más respetuoso con el medio ambiente y dar un empujón adicional a los bolsillos de los conductores.

Y en septiembre esa gama de propulsores da un nuevo paso hacia lo que pretende ser un estándar y convertirse en una referencia dentro de la industria en los años venideros. Hablamos del innovador motor Skyactiv-X, largamente anunciado y esperado, que promete notables descensos en el consumo con unas prestaciones superiores a las mostradas hasta la fecha. Te adelantamos un dato: a partir de septiembre, el Mazda3 y, un mes más tarde, el SUV CX-30 de la compañía incorporarán este propulsor que ofrece hasta un 30% más de par, con una potencia de 180cv, y un consumo un 20% menor. ¿La guinda del pastel? Viene equipado con pegatina ECO, gracias a unas emisiones de 96 gramos de CO2 por kilómetro, derivadas de un consumo desde 5,4 l/100km.

La explicación puede parecer sencilla, aunque la tecnología detrás de la misma sea compleja. Podríamos definir el Skyactiv-X como un propulsor que combina lo mejor de las tecnologías disponibles en el mercado. El resultado es un motor muy suave en la conducción que combina una gran elasticidad con una enérgica respuesta inicial sin perjudicar el consumo y las emisiones.

Para lograrlo, se sirve de una tecnología de encendido de compresión controlada por chispa (SPCCI, por sus siglas en inglés) que alterna la combustión convencional con el encendido por compresión propio de los diésel. Para ello, el motor crea dos zonas de aire diferenciadas dentro de la cámara de combustión a la hora de pasar de un modo a otro mediante un proceso de inyección. Una primera zona se nutre de una mezcla muy pobre de combustible con una gran cantidad de aire (esa mezcla es tan pobre, asegura Mazda, que no se encendería en un motor convencional de bujías) mientras que la segunda tiene una mezcla más rica en combustible, junto a la bujía.

Al encender la segunda, gracias a una chispa, se produce un aumento de presión en la cámara que logra que esa segunda mezcla también se encienda. Como la tecnología SPCCI es tan estable, actúa en un rango muy amplio del motor. En otras palabras: el motor puede funcionar en un modo eficiente durante más del 80% del tiempo en un uso normal diario.

Más aire en el motor, mejor combustión y mayor eficiencia a la hora de rodar gracias al uso del sistema Mazda M Hybrid que ya pudimos probar en el pasado.

Éste contribuye a reducir el consumo de combustible, al convertir en electricidad la energía recuperada en las deceleraciones a través de un motor eléctrico que asiste al motor principal.

Con la llegada del Skyactiv-X, primero al Mazda3 y más adelante al Mazda CX-30, el fabricante japonés pone sobre la mesa una apuesta centrada en tres pilares: alta potencia, bajo consumo y la eficiencia de un híbrido. Todo ello bajo la premisa de seguir manteniendo el ADN de la marca, el placer de conducir.